Berlín: La ciudad en la que quieres vivir aunque todavía no lo sepas [Galeria]

Sí me sigues por redes sociales ya sabrás (de hecho estarás harto/ harta del temita) que he estado por Berlín recientemente.  Motivado por mi compañero de piso y los precios de las aerolíneas de bajo coste acabamos en esta ciudad alemana a hacer de guiris.

Una foto publicada por Javi Jiménez (@srjavij) el

En mi círculo de influencias mucho se habla de Berlín, capital mundial del techno con permiso de Detroit. Amigos y familiares habían pasado por allí pero la verdad es que para mi seguía siendo un misterio, conocía poco de la ciudad y del clima que reinaba en ella; la verdad es que me producía indiferencia, ni yo le molestaba a ella ni ella a mi.

No hubo tiempo de preparar el viaje con mucho detalle así que durante toda la estancia estuvimos improvisando pero algo quedo claro: me equivocaba. Volvería una y mil veces.

Berlín me pareció una ciudad extraña para el visitante. La propia urbe es un lugar complejo si repasamos su historia reciente, capital de un reich por fortuna infructuoso, arrasada por la guerra, reconstruida, separada por un muro del que todavía queda una profunda cicatriz, poblada por artistas y bohemios, frontera del telón de acero, baluarte comunista, después ejemplo libertario, capital del street art, del movimiento okupa… Una ciudad renacida una y otra vez de sus cenizas.

Eso se nota para el visitante, incluso para el  turista casual que ama visitar los monumentos de la ciudad y sacar fotografías de ellos que jamás volverá a ver y probablemente acaben siendo perdidas entre el maremagnum digital o con suerte olvidadas en una tarjeta de memoria extraviada.
El “centro” de Berlín es un cascaron sin vida, solamente los turistas se arremolinan entre los imponentes edificios, como si de un parque de atracciones se tratara. Tiendas de regalos cutres con reproducciones en miniatura de alguno de los edificios, alguna camiseta hortera y postales que jamás serán enviadas porque, ¿quién demonios envía cartas hoy en día?

Pero frente a la impostura de un centro que jamás fue tal, los barrios ebullen con vida, sobre todo ahora que llega el verano. En España nos jactamos de nuestra cultura de la calle pero allí no es menos. A cada paso te das cuenta de que la ciudad supura vida por todas partes, desde sus paredes colmadas de graffiti, las paradas de venta de bebidas siempre concurridas, los puestos de comida y los clubs. No hay momento de descanso, en todo el tiempo que estuve no pude hacerme una idea de cual era el horario de un berlinés, en todo momento estaban en el S-Bahn, cerveza en mano yendo y viniendo.

Bier und bundestag.

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Al contrario de lo que se pueda presuponer de una ciudad alemana, Berlín no es una ciudad gris, industrial como dan la sensación otras urbes como Londres. De hecho es agradable, acogedora al menos estéticamente hablando: casitas pintadas de alegres colores, pocos rascacielos, Berlín prefiere extenderse a lo ancho en lugar de lo alto, y prefiere los inmensos parques a la acumulación de hormigón.

Su gente merece un artículo a parte, una megaurbe reúne a muchos tipos de personas, aquí la frialdad o la educada distancia alemana se rebaja con la multiculturalidad de la capital, gente de todas partes, en su mayoría jóvenes acuden a Berlín como moscas a la miel buscando ese ecosistema artístico y multicultural que se ha creado. Eso propicia a que se respire aceptación y tolerancia en general.

Y luego está lo de la cerveza.

Sí, para alguien que se declara fan de todas, Berlín como el resto de Alemania son un paraíso, aquí la cerveza se hace con el slogan de Lidl “mejor precio y calidad”. Y aún encima se puede consumir legalmente en casi cualquier sitio.

Sí, el botellón aquí es legal.

Podríamos dejar pasar este detalle, para muchos sin importancia pero que para mí dice mucho de la madurez de la sociedad berlinesa y que ciertamente esta pequeña norma transtorna muchos aspectos del flujo de vida de la ciudad de una manera que no os podéis imaginar. No por esto los lugares de ocio son estercoleros como los botelleodromos a los que estamos acostumbrados; tampoco se ha creado una sociedad totalmente etilizada. Una sociedad que cree que un adulto es lo suficientemente responsable como para echarse un par de cervezas sin dejarlo todo hecho un cristo o cayendo en el alcoholismo perenne es una sociendad que me cae simpática.

La verdad es que durante todo el viaje he pensado “aquí podría vivir yo tan ricamente” , si aprendiera alemán claro.

La música y la cultura club se merecen un artículo en exclusiva (W.I.P) pero mientras tanto aquí podéis disfrutar de las fotos de mi viaje y en este otro artículo una selección exclusiva de todo el street art que me encontré a mi paso por esta ciudad.

¿Tú también eres fan de la ciudad? ¿Tienes ganas de ir? ¿Alguna anécdota? ¡Queremos saber!

Berlin. Junio 2016

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